lunes, 21 de junio de 2010

JUAN LARROSA
Sección: Sistema autorreferencial
El ojo de Monsiváis en las industrias culturales mexicanas
Transmitido: lunes 21 junio 2010


Esta semana tenía la intención de dedicar este espacio a comentar el hasta ahora descafeinado Mundial de futbol sudafricano y algunas reflexiones del papel que la televisión juega en todo este contexto. Sin embargo, me parece importante dedicarle tiempo a Carlos Monsiváis, un personaje emblemático del México contemporáneo.

Antes de continuar, me gustaría decir que no soy un experto en la obra de Monsiváis y que lejos estoy de conocerla a cabalidad. En los últimos años he leído algunos de sus libros y durante algunas épocas de mi vida he sido fiel seguidor de sus columnas en distintos diarios del país. Con todo y este apunte, recuerdo claramente varios momentos en los que alguno de sus textos o ideas, me sorprendieron gratamente, pero sobre todo, me ayudaron a comprender diversos fenómenos sociales que mueven mi atención cotidiana.

La obra y el pensamiento de Monsi, como muchos lo llamaron, es enorme. Ana Prieto, en su artículo “Murió Monsiváis, el intelectual que exploró la cultura popular” (El Clarín, 20/VI/2010), señaló que será titánica la tarea del investigador que se anime a compilar los textos de este defeño avecindado en la colonia Portales. Mosiváis fue un escritor que supo moverse por diversos campos y temas, estilos y temperamentos; fue cronista de una de las grandes y tormentosas megalópolis occidentales del siglo XX y testigo de movimientos estudiantiles como los desarrollados en 1968; conocedor como pocos de la política mexicana y un promotor de la reivindicación de la diversidad sexual; el humor lo trabajó como pocos y cultivó profusas lecturas de la literatura mexicana y universal. Dentro de esta lista, a la que seguramente se le pueden adherir muchas otras etiquetas, quisiera destacar que Carlos Monsiváis logró desarrollar una capacidad de observación inaudita de la cultura popular mexicana del siglo pasado. En este contexto, en su obra se pueden encontrar documentos muy valiosos para el estudio de los medios de comunicación.

Por ejemplo, uno de sus ejercicios más interesantes de análisis del sistema de comunicación en México, se podía leer en su columna “Por mi madre bohemios”. Monsiváis se dedicó a coleccionar, como tantas otras cosas, fragmentos de discursos que encontraba en sus lecturas habituales de los periódicos mexicanos. En la superficie de estos textos es posible distinguir el gran sentido del humor del escritor, pues se dedicó a rescatar declaraciones de actores públicos, las cuales analizaba a la luz de una inteligencia irónica; en conjunto, estos esfuerzos de recolección se convirtieron en una hermenéutica de la clase política mexicana, vista a través de los medios de comunicación y de la reproducción del lenguaje. A decir de Monsiváis, la prensa es “uno de los vehículos principales de la cultura e incultura políticas que, entre otras aportaciones, ha dado aguda y creativa noticia de las petrificaciones y modificaciones del lenguaje” (Historia General de México; p. 959). Así, las declaraciones de un funcionario público que atentan contra la comunidad gay, la incultura del secretario de cultura o las pacíficas declaraciones del comandante en jefe de la guerra en contra del narcotráfico, fueron la materia prima para estos ejercicios monsivarianos.

El trabajo más importante que Monsiváis realizó en torno a los medios de comunicación en México, me parece, fueron sus observaciones de las industrias culturales. Los productos que circulaban a través del cine, la radio y la televisión, fueron una de sus grandes obsesiones de coleccionista y analista. Él conoció el cine mexicano como pocos y construyó un mapa histórico de la música popular en México; ironizó sobre las telenovelas como ícono cultural en nuestro país y se mofó de las transmisiones radiofónicas que en el Distrito Federal se producen para alertar a los automovilistas de las vicisitudes del tráfico vehicular. Recuerdo una de sus columnas, “La radio y quienes la oyen” (El Universal, 16/IV/2006), en la que con una sola frase pudo describir el hacer de buena parte de la radio en México, cuya tarea, según él, es expandir “sin cesar el universo de las compañías disqueras”.

Siempre que pudo defendió iniciativas de comunicación popular como las radios indigenistas o comunitarias, fue un importante promotor del cambio en el sistema jurídico que regula el sector de telecomunicaciones, y construyó a un tipo que en sus declaraciones, pero sobre todo en su trabajo cotidiano, se dedicó a cultivar la libertad de expresión.

Luego de que ha transcurrido casi una década desde la conclusión del siglo XX, muchos han comenzado a pensar y a sintetizar éste periodo histórico. Me parece, sin lugar a dudas, que cualquier análisis del siglo XX estaría mocho si se eliminara de su programa de trabajo a los medios de comunicación masiva como la prensa, el cine, la radio o la televisión. Carlos Monsiváis aportó grandes ideas para pensar en estos sistemas de comunicación. En sus textos, más que explicaciones, se podrán encontrar las preguntas que solamente una persona de su talante podría haber formulado, preguntas de gran creatividad y que constituyen una guía importante para seguir pensando, de forma crítica, la vida social y cultural de México. La obra de este escritor tendrá que ser leída y asimilada con la paciencia de un coleccionista, pero me parece, su mayor riqueza está por aparecer. En ese sentido, los análisis del México del siglo XX, sin duda, tendrán que pasar visita a la obra del señor Monsiváis.

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Por cierto, olvidaba un apunte. A los promotores de Iniciativa México, aquellos que quieren demostrar el lado bueno y amable del país, se les olvidó que era muy importante que la televisión transmitiera la información de la muerte de Monsiváis. Cómo me hubiera gustado escuchar algo así como: “El día de hoy suspendemos nuestras transmisiones habituales para dar paso a una crónica del último adiós del escritor mexicano Carlos Monsiváis”. Pero no ocurrió: Alarcón, Martinoli y Yuri, volvieron a aparecer, religiosamente, en las pantallas de los televisores mexicanos.